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martes, 29 de julio de 2014

La Gran Epidemia y sus efectos


Puede parecer una locura, propia de una mente excesivamente fantasiosa y conspiranoica.

Pero si lo razonamos y lo analizamos con detenimiento veremos que no es una idea tan descabellada: a determinadas élites de este planeta, especialmente en estos momentos, les interesaría mucho que se produjera una “gran” epidemia, o si preferimos nombrarlo de una manera menos alarmista, una “gran crisis sanitaria”.

Evidentemente no nos referimos a una pandemia mortal y descontrolada de carácter apocalíptico, como la peste negra o las que nos muestran en las películas de Hollywood.

Nos referimos a un brote epidémico que reúna una serie de características, digamos que, “ventajosas” para conseguir determinados fines.

Es decir, una crisis perfectamente controlada y controlable en su evolución, pero que a la vez genere una implacable sensación de pánico entre la población, con el fin de que ésta reclame y acepte las medidas necesarias para afrontar dicha crisis.

Dicho de otra manera: un gran problema que requiera una gran solución…una solución que solo determinados grupos en el poder puedan ofrecer.

Estamos convencidos de que en determinados Think Tanks ya se ha planteado esta posibilidad como algo plausible.

Al fin y al cabo, la función principal de los Think Tanks es proyectar y prever escenarios hipotéticos a modo de simulación, con el fin de determinar qué estrategias deberían implementarse si se produjeran y cómo se podría sacar el mejor provecho de ellos.

Y como iremos viendo, una epidemia a escala planetaria representaría una oportunidad única a diferentes niveles.

Una idea ya inoculada

zombie-hand-coming-from-grave-jpgParece que uno de los objetivos principales de este mecanismo es impedir que el impacto o shock asociado a tales conceptos si llegan a convertirse en realidad, derrumbe todas las creencias de la población y con ello, todas las estructuras mentales que mantienen en pie el sistema.

Sería algo así como administrarle una vacuna a la sociedad para un mal que aún no ha hecho acto de presencia.

Quizás ésta sea la causa por la cual estamos viendo tantas obras de ficción cuyo argumento gira alrededor de una gran pandemia; hasta el punto de que estamos siendo sometidos a un auténtico bombardeo psicológico.


Una colección de epidemias reales

Pero lo más paradójico del caso es que vivimos el momento de nuestra historia en el que disponemos de mayores recursos y conocimientos científicos y médicos y sin embargo, la presencia de epidemias se hace más patente que nunca.

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Últimamente, tanto los medios oficiales como los medios alternativos de Internet nos han presentado una auténtica panoplia de amenazas epidémicas de todo tipo, perfectamente publicitadas, tales como el SARS, el MERS, la gripe A, el ébola, el virus del Nilo occidental, los brotes de peste bubónica en China o incluso la proliferación imparable y altamente preocupante de las superbacterias (bacterias resistentes a los más poderosos antibióticos), cada vez más frecuentes en los centros de salud y especialmente en los hospitales y que ya ha sido declarada por la Organización Mundial de la Salud como una amenaza potencial para la humanidad.


Así pues, estamos siendo bombardeados por el concepto “gran pandemia” por dos vías: por un lado, mediante la insistente presencia del tema en el mundo de la ficción y por el otro, por un degoteo sutil y incesante en los medios de comunicación, que se relaciona con nuestros miedos más profundos y arraigados como seres humanos y como especie.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿aún hay alguien que no crea posible el estallido de un brote epidémico que asole parte de la especie humana?

Quien sabe, incluso puede haber gente a la cual tal posibilidad le produzca una suerte de atractivo morboso…



Para empezar, el pánico asociado a la expansión de una epidemia llevaría a la población a acatar, e incluso exigir, un mayor orden y control por parte de las autoridades.

Así pues, gracias a la aparición de un brote epidémico, los mecanismos del poder se verían reforzados hasta límites que en cualquier otra circunstancia resultarían inaceptables para la mayoría de la ciudadanía.

Cada vez hay más personas que dejan de creer en los mecanismos de autoridad jerarquizada y abogan por un mundo más horizontal y colaborativo entre iguales.

Pero una epidemia masiva terminaría de un plumazo con todos estos movimientos tan peligrosos para el status quo actual.

Para empezar, porque el derecho a la manifestación podría verse radicalmente restringido bajo el subterfugio de la seguridad sanitaria y el peligro que conllevarían las concentraciones masivas de personas.

De esta manera, se conseguiría que los movimientos de protesta tendieran a su disolución, produciéndose una desmovilización social masiva.

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