El Sionismo y la Palestina



Palestina del Imperio Otomano a la proclamación de Israel.

El territorio de Palestina,

Palestina en árabe se llama Filistin o Filastin es uno de los nombres que ha recibido la región histórica de Oriente Próximo situada entre el Mar Mediterráneo y el Río Jordán, donde actualmente se ubica el Estado de Israel y los Territorios Palestinos Ocupados. Es el nombre con el que se llamaba a la antigua tierra de Canaán, que formaba parte de la provincia romana de Siria y pasó a denominarse Siria-Palestina o simplemente Palestina durante la dominación del Imperio Otomano (1299-1922). Actualmente, la región limita con Egipto al sur, con el Líbano y Siria al norte, con Jordania al Este y con el Mar Mediterráneo al Oeste.

Palestina y el Imperio Otomano


El Estado Otomano (Turco), comúnmente llamado Imperio Otomano fue una potencia imperial, ubicada en su mayor parte alrededor de la ribera del Mar Mediterráneo, y cuya existencia temporal abarcó el periodo entre 1299 y 1922. En el cenit de su poder en el siglo XVII, este imperio incluía toda la península de Anatolia, Oriente Medio (Palestina, Siria, Jordania, Líbano, Iraq y parte Egipto y del Golfo Pérsico), además de extensiones del Norte de África, la mayor parte de los territorios enclavados en la franja que va desde el sudeste de Europa (Balcanes, Grecia, Bulgaria, Rumania) al Cáucaso en el norte. Esto comprendía un área de aproximadamente 5,5 millones de kilómetros cuadrados, aunque la mayor parte estaba bajo control indirecto del gobierno central. Las posesiones del Imperio se hallaban situadas entre Oriente y Occidente, por lo que, a lo largo de su historia de más de seis siglos, sus relaciones internacionales estuvieron influenciadas por ello.

Palestina pasó a formar parte del Imperio Otomano en (1516), Suleimán I El Magnífico desarrolló un importante programa de obras públicas que incluyó la reconstrucción de los muros de Jerusalén que aún hoy se pueden ver alrededor de la ciudad vieja.

A pesar de las obras de Suleimán I, el balance total de los cuatro siglos de dominio otomano (1517-1918) significaron para Palestina un estancamiento cultural y una progresiva decadencia económica, y sólo ocasionalmente algunos emires erigieron reinos locales que gobernaron con relativa prosperidad. El dominio otomano no significó cambios en la estructura de la población palestina, ni altero el carácter eminentemente árabe del país, pues su lengua, costumbres y cultura siguieron siendo árabes.

El concepto "árabe", aunque esté estrechamente ligado al Islam por razones históricas y culturales, es exclusivamente lingüístico y cultural y no debe confundirse con el de "musulmán" ni tampoco con “el racial”. La mayoría de los pueblos del Mundo Árabe son pueblos arabizado en el tiempo. Hoy día, árabe se refiere más a la cultura y la lengua que a la raza. Los árabes de raza tienen su origen en Yemen y parte de la Península Arábiga. Los palestinos, sirios, iraquíes, argelinos, marroquíes, egipcios etc.. son pueblos árabes en el sentido cultural y son producto del mestizaje y la adopción que hicieron con el tiempo de la lengua y la cultura árabes. Lo mismo se puede decir al hablar de estos pueblos como musulmanes. En realidad, los musulmanes árabes  no son en su inmensa mayoría descendientes de los conquistadores musulmanes y árabes, sino pueblos que se convirtieron al islam a lo largo de los siglos y adoptaron tanto la lengua como la cultura árabe.

 Durante mucho tiempo, Palestina era una división administrativa del Imperio Otomano que, tras la nueva estructuración de 1887-88, se fraccionó en las provincias de Acre, Náblus y Jerusalén, si bien esta ciudad y su región circundante gozaban de un status autónomo y no dependían de la provincia sino directamente de Constantinopla. La autonomía local era respetada por los turcos, siempre que no interfiriese en la percepciótel del impuesto colectivo.

La terminación del canal de Suez (1869), la ocupación inglesa de Egipto (1880), y la francesa del Líbano, volvió a despertar en Europa la conciencia de la importancia de Próximo Oriente y el deseo de atraerlo a su área de influencia. El Kaiser Guillermo II visitó Palestina en (1893) tras arduos preparativos que culminaron en una serie de realizaciones germanas en los Santos Lugares, si bien su más brillante expresión fue la propuesta de un proyecto de ferrocarril Berlín-Bagdad.


El sionismo y Palestina

A- El sionismo

El nacimiento del sionismo está ligado política e ideológicamente a la eclosión de los nacionalismos europeos del siglo XIX, que tuvieron como bandera común la idea de «un pueblo, un Estado» y que está en el origen del concepto de Estado-nación. Al calor de esa idea se formaron distintos Estados europeos, surgidos del desmembramiento de los imperios o bien a través de la unificación de Estados con similar cultura y lengua (como Italia y Alemania). Paralelamente a ese desarrollo nacionalista, nació el nuevo imperialismo y aparecieron las nuevas doctrinas de la superioridad racial que condujeron a la creación de partidos, y más tarde, regímenes fascistas. En este ambiente excluyente se desarrolló el antisemitismo, que en esencia considera a los judíos como pueblo sin patria, ajenos al cuerpo de la nación y enemigos potenciales de ésta. La reacción de la burguesía judía europea a esta hostilidad y este antisemitismo fue la búsqueda de un proyecto político del que da cuenta el nacimiento de las corrientes sionistas que predicaban la necesidad de crear un Estado para los judíos europeos.  Fue, en realidad, la respuesta a este ambiente hostil.

El sionismo sostenía que los judíos eran primordialmente un grupo nacional (como los polacos o los alemanes) y no un grupo religioso (como los musulmanes o los católicos) y que, como tal, tenía derecho a crear su propio Estado. La formulación clásica de la idea es la que hizo Theodor Herzl en su opúsculo Der Judenstaat (El Estado judío, publicado en Berlín y Viena en 1896), que tiene como precedentes doctrinales la obra de Moses Hess Roma y Jerusalén (1860) y la del médico judío ruso Leo Pinsker Autoemancipación (1882), de carácter panfletario, que contiene ya la consigna «Ayudaos, que Dios os ayudará». El sionismo se puso como objetivo primario la creación de un Estado judío, considerando que con ello devolvía a los judíos su estatus de nación y acabaría con el antisemitismo al que estaban sometidos en Europa.

Las ideas y objetivos del sionismo fueron transformados en un proyecto colonial siguiendo la tendencia general de los nacionalismos europeos en la era del llamado “Nuevo Imperialismo”. Así, en 1897 nace la Organización Sionista Mundial (órgano político del Movimiento Sionista), fundada en Basilea (Suiza) por Theodor Herzl, considerado el padre del sionismo en general y de la rama política en particular (otras corrientes son: el sionismo socialista, el sionismo revisionista, el sionismo religioso, etc).

Figuras importantes en la historia del Movimiento Sionista:
Moses Hess
Nacido 1812
Alemania
Theodor Herzl (austriaco)
Nacido 1860
Hungría
David Ben-Gurión
Nacido 1886
Polonia
Eliezer Yitzhak Perelman
Nacido 1854
Rusia
Max Brod
Nacido 1884
República Checa
Abraham Isaac Kook
Nacido 1864
Letonia
Zeev (Vladímir) Jabotinsky
Nacido 1880
Rusia
Isaac Shamir
Nacido 1915
Polonia
Shimon Peres (actual presidente de Israel)
Nacido 1923
Polonia

En el Congreso Sionista celebrado en Basilea (1897) se barajaron varias propuestas para la construcción del Estado judío. Algunas fueron como Argentina — en la que se crearon numerosas colonias de inmigrantes judíos europeos—, o en África Oriental colonizada por el Imperio Británico (el conocido como «proyecto Uganda», en la actual Kenia), ofrecida por el Gobierno británico; éstas propuestas (y otras como Chipre y Madagascar) fueron estudiadas por Herzl (en su obra habla de ventajas, comparando entre Argentina y Palestina) y también fueron debatidas durante el Congreso de (1897). Finalmente, aquellas propuestas fueron rechazadas por la dirigencia sionista, y se optó por concentrar los debates y los esfuerzos en el establecimiento del futuro Estado en Palestina, una región en manos del Imperio Turco, y pensando en que el factor religioso podría atraer a las masas judías europeas al proyecto sionista y alejarlas de los movimientos políticos burgueses y obreros europeos. Cabe añadir que sólo, en el 7º congreso de la Organización Sionista Mundial (1906), se llega a tomar la decisión definitiva de establecer el futuro Estado judío en Palestina. En resumen, se estaba poniendo en práctica y materializando una leyenda sobre una tierra prometida por Dios a su pueblo elegido. El carácter laico de los fundadores del sionismo y la gran influencia que tenían de los nacionalismos excluyentes de la Europa del siglo XIX, no impidieron que ésos aceptaran y utilizaran la leyenda bíblica del Antiguo Testamento sobre la “tierra prometida” para conseguir sus objetivos políticos.

El sionismo
El Movimiento Sionista nace en Europa en el seno de la burguesía aria judía. Ha sido, en el origen, una expresión clara de los intereses del capital de la burguesía judía europea que, en medio de un nacionalismo europeo hostil, buscaba una patria propia. La inmensa mayoría de los clásicos ideólogos y lideres de este Movimiento formaban parte de la burguesía judía aria, es decir eran azhkenasi, es decir Khazares, en otras palabras, arios europeos que se convirtieron a la religión judía en un determinado momento de la Historia,  por lo tanto,  no eran hebreos, no eran semitas, ni tenían linaje real con los judíos de Medio Oriente. El término “semita” hace referencia a los pueblos citados en la Biblia descendientes de Sem. Y para los antropólogos, los pueblos semitas son los pueblos que habitaban esa región como cananeos y filisteos, hebreos, árabes, fenicios, asirios y aramios etc…
A partir de (1898), el centro de la Organización Sionista Mundial se estableció en Viena, donde Herzl publicó su semanario oficial Die Welt (El Mundo). Los congresos sionistas se celebraban anualmente hasta 1901 y después cada dos años. Cuando el Gobierno otomano rechazó la propuesta de Herzl de otorgar Palestina a los judíos europeos, los sionistas buscaron el apoyo de Gran Bretaña.

Con la muerte de Herzl en 1904, el liderazgo sionista se trasladó de Viena (Austria) a Colonia y después a Berlín (Alemania). Antes de la Primera Guerra Mundial, sólo una minoría de judíos pertenecía al sionismo, la mayoría rusos, dirigidos por judíos austríacos y alemanes. En esta época, el sionismo era la única asociación judía mundialmente organizada. El sionismo desarrolló una intensa propaganda a través de oradores y panfletos, creó diarios en diversos idiomas e infundió ímpetu al "renacimiento judío" en las letras y las artes. El desarrollo del hebreo moderno se llevó a cabo durante este período.


B- El Imperio Británico y el Movimiento Sionista




La política y las ideologías de la expansión colonial europea, entre 1870 y el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914, se denominan a menudo como el "Nuevo Imperialismo". Este período se caracteriza por una búsqueda sin precedentes de "el imperio por el imperio", una competición agresiva entre las potencias para conseguir territorios y materia prima de ultramar, además de la aparición en los países conquistadores de doctrinas que justifican la superioridad racial y que niegan la aptitud de los pueblos subyugados para gobernarse por sí mismos.



Durante este período, las potencias europeas sumaron a sus posesiones coloniales casi 23.000.000 km². Dado que antes de 1880 estaba prácticamente desocupada por las potencias occidentales, África se convirtió en el principal objetivo de la "nueva" expansión imperialista, aunque esta conquista afectó igualmente a otras áreas; en especial el sudeste asiático y el Pacífico, donde los Estados Unidos y Japón se unieron a las potencias europeas en su lucha por los territorios.

La entrada de Gran Bretaña en la nueva era imperial se fecha a menudo en 1875, año en que el gobierno conservador de Benjamin Disraeli compró al endeudado rey de Egipto, Ismail Pasha, su parte en el Canal de Suez para asegurarse el control de esta vía estratégica, un canal que sirve para el tráfico entre Gran Bretaña y la India desde su apertura seis años antes, bajo el Emperador Napoleón III. El control financiero conjunto de Inglaterra y Francia sobre Egipto acabó abriendo la puerta a una total ocupación británica del país en 1882.

Pocos años después aparece la importante figura del Lord Rotschild – figura importante entre los primeros sionistas- y la relación profunda de intereses entre el colonialismo británico y el Movimiento Sionista que se expresa en la penetración de las grandes compañías explotadoras de petróleo. En este contexto, Palestina, Siria y El Líbano, en el Mediterráneo Oriental, configuran una zona necesaria de comunicación para controlar el paso hacia el Medio y Lejano Oriente, como también, para el transporte de petróleo hacia los puertos del Mediterráneo.

Los británicos estaban interesados por el petróleo de Irak y su evacuación por vía marítima, pero más aún por los oleoductos que de ese país llegaban a las costas de Palestina. De allí, la honda conexión entre los intereses británicos y la consolidación del sionismo en Palestina. El Gobierno británico favoreció la compra de tierras y la instalación de colonias judías, mientras los grandes capitalistas sionistas servían financieramente a dicho gobierno y tenían grandes inversiones en las compañías petroleras. Ya en 1885, un préstamo de los Rotschild fue fundamental en el comienzo de la explotación del petróleo en Rusia y además distribuían el excedente de la firma Nobel. Posteriormente, ambas familias extendieron una red comercial por Europa Occidental, haciendo la competencia y poniendo fin al monopolio en el mercado de la empresa Standard of New Yersey. Otras personalidades sionistas destacadas en el mundo comercial del petróleo fueron los Samuel, dueños de la Compañía de Transportes y Comercio de Petróleo Shell y que fusionados a la Royal Deutch Company, formaron la Royal Deutch-Shell. Los Samuel y los Rotschild participaron en una sociedad económica y sus buques fueron los primeros en utilizar el Canal de Suez. Mientras la rama británica de los Rotschild financiaba los esfuerzos bélicos y coloniales del Imperio Británico, la rama francesa que representaba Barón Edmond de Rothschild empezó a financiar las primeras oleadas de inmigración judía a Palestina.

 El interés británico en el sionismo se debió al crecimiento de las empresas establecidas en las colonias británicas del sur de Asia a principios del siglo XIX, así como al posterior interés en sostener el frente ruso y estimular el esfuerzo bélico estadounidense mediante al apoyo de la causa sionista durante la Primera Guerra Mundial. En 1840, el Vizconde de Palmerston ministro de Exteriores británico y que posteriormente sería primer ministro del Reino Unido escribió al sultán del Imperio Otomano: “Actualmente existe entre los judíos dispersos por Europa un fuerte sentimiento de que se aproxima el día en que su nación vuelva a establecerse en la región de Palestina. Sería muy importante para el sultán que sugiriese el retorno y establecimiento de los judíos en Palestina, debido a que las fortunas que ellos traerían consigo incrementarían los recursos de los dominios del sultán, y por otro lado, si los judíos vuelven bajo la invitación y el amparo del sultán, se podrían evitar futuros conflictos con Egipto y el resto de sus vecinos. Me gustaría sugerir fervientemente a Su Excelencia que el Gobierno turco invite a los judíos europeos a “volver” a Palestina (1)”.

C- Los primeros colonos

La primera gran ola de inmigración judía a Palestina, conocida como aliá, se inició en 1881, como consecuencia de las persecuciones a que fueron sometidos los judíos en Europa y a las ideas de Moses Hess - un judío alemán nacido en Bonn en 1812 y considerado fundador del sionismo socialista- que abogaba por la “redención” del territorio considerado como la patria hebrea. Los judíos compraban tierras a las autoridades otomanas y a los terratenientes, surgiendo de esta forma los primeros asentamientos agrícolas. En está época los palestinos no se oponían a la llegada de inmigrantes judíos, siguiendo así la tradición otomana que acogía a los judíos perseguidos en Europa desde la época de la Inquisición. En esos momentos no se hablaba ni había sospechas de que aquella oleada de inmigrantes judíos estaba vinculada a un proyecto de colonización sionista.

Los judíos y el Imperio Otomano
Hasta principios del siglo XX, en Turquía residía la tercera comunidad judía más importante del mundo después de Europa y Estados Unidos. Eran el 2% de la población turca y eran los descendientes de los judíos expulsados de España durante la Inquisición. Fueron acogidos en Estambul tras un acuerdo entre los reyes católicos y el imperio musulmán de entonces. Este acuerdo permitía a los barcos turcos atracar en las costas españolas para recoger a los refugiados judíos.
Hoy, en Israel hay aproximadamente 6 millones de judíos, la mayoría llegados de Europa del Este y Rusia. En EE.UU. hay unos 4 millones. Otros 7 millones viven en diferentes países alrededor del mundo.

Según las estadísticas otomanas, la población de Palestina en 1895 era de 500.000 palestinos y 47.000 judíos aproximadamente. Los judíos poseían un 0,5% de la tierra y el resto era propiedad de los palestinos. Un tercio de esta población judía había llegado a principios de los ochenta del siglo XIX escapando de la persecución en la Rusia zarista.

Las únicas estadísticas disponibles de principios del siglo XX son las del Mandato británico que controlaba Palestina en ese momento. Estas estadísticas datan de diciembre de 1919 y hablan de una población aproximada de 704.000 habitantes, de ellos 574.000 palestinos musulmanes, 74.000 palestinos cristianos y 56.000 judíos, en su mayoría procedentes de Rusia y Europa del Este.

D- La Primera Guerra Mundial y Oriente Próximo

La I Guerra Mundial significó el fin del Imperio Otomano tras más de 6 siglos de existencia. Al estallar guerra y alinearse el Imperio Otomano junto a los Imperios centrales, tratará de despertar el apoyo de las poblaciones árabes acudiendo al discurso religioso, mientras los aliados de la entente comprendiendo las tendencias emancipadoras y nacionalistas que desde el siglo anterior se venían gestando en el Mundo Árabe, utilizarán el discurso político recogiendo el mensaje de los acuerdos del Congreso Árabe de París de 1913, cuyas reivindicaciones tenían un marcado carácter nacionalista árabe. Para ello las potencias europeas recurrirán al ala más conservadora del movimiento nacional árabe. La correspondencia entre el comisario británico en Egipto Mc Mahon y el Jerife Hussein, guardián de La Meca y de gran influencia entre los clanes del Hidjaz, se cristaliza en la promesa británica de independencia a los árabes. La gran revuelta árabe contra el Imperio Otomano fue proclamada el 10 de Junio de 1916.

Sin embargo, al finalizar la guerra las potencias europeas traicionaron a sus aliados árabes en la I Guerra Mundial y aplicaron los acuerdos que negaban la independencia árabe. En primer lugar, los acuerdos Sykes-Picot (mayo de 1916) que repartían el Oriente Próximo en zonas de influencia europea entre Francia y Gran Bretaña, en segundo, la llamada Declaración Balfour, en que el ministro de Relaciones Exteriores británico prometía al Movimiento Sionista un hogar nacional judío en Palestina.


Los acuerdos Sykes-Picot cobraron plena vigencia, siendo incluidos en los Tratados de Versailles (1919), en Sevres y San Remo(1920) y Lausana(1923), además en las decisiones de la Sociedad de las Naciones entre 1922 y 1924, mediante el sistema de Mandatos. Siria y el Líbano quedaron bajo dominio de Francia e Irak y Palestina bajo el dominio de Gran Bretaña. Con ello, el Imperio Otomano desaparece, quedando Turquía confinada a Anatolia y una reducida porción de Europa, mientras producto de una rebelión interna cae definitivamente el Califato.

En los territorios que quedan bajo su tutela, Gran Bretaña mantendrá un gobierno directo (Protectorado) sobre Palestina para poder aplicar la Declaración Balfour, y creará el Principado de Transjordania (actual Jordania) poniendo en el trono a Abdallah, hijo de Hussein, mientras en Irak ubica a su otro hijo, Feisal, quién había sido expulsado por los franceses de Siria, de esta manera ambos países quedaban sometidos a la dinastía Hachemita y bajo el Mandato inglés.

La Declaración Balfour (1917) es una carta del ministro de Exteriores británico, Sir Arthur Balfour dirigida a Lord Lionel Rotschild, presidente de la Federación Sionista de Gran Bretaña, prometiendo un hogar nacional judío en Palestina y es el resultado de la gran influencia de los capitales financieros sionistas en el Gobierno británico y la reciprocidad de intereses entre ambos. Ello explica que en Palestina el Gobierno británico haya permitido y facilitado la masiva emigración judía desde Europa, reprimiendo las sucesivas protestas y revueltas palestinas, hasta dejar la cuestión en manos de  las Naciones Unidas en 1947.

Gran Bretaña había recibido el control de Palestina -abriendo la puerta a la aplicación de la Declaración Blafour- gracias al Tratado de Versalles*, el cual fue establecido, más tarde y como hecho consumado, por la Sociedad de Naciones en 1919. Herbert Samuel, quien había participado en la Declaración de Balfour, fue nombrado primer Alto Comisionado en Palestina. Como hemos mencionado, durante la Primera Guerra Mundial, los británicos habían hecho dos promesas sobre sus territorios en Oriente Medio. En primer lugar, prometieron a los árabes de la región, a través de su agente Lawrence de Arabia, que obtendrían la independencia para crear un Estado árabe unido, que abarcaría todo Oriente Medio. Pero los británicos también habían prometido que se crearía en Palestina un "hogar nacional" para los judíos europeos, tal como había sido establecido en la Declaración de Balfour en 1917.

Francia e Italia recibieron con reticencias la Declaración Balfour, pues eran favorables a la internacionalización de Palestina. Alemania, para no perder los apoyos sionistas con que contaba desde principios de la guerra, hizo su propia declaración en favor de la «implantación judía en Palestina», a través de una «instalación sin restricciones» y de un régimen de autogobierno, para proceder al «libre desarrollo de su civilización».

E- Nueva oleada de colonos

Durante los años 20 del siglo XX, gobernando ya Gran Bretaña en Palestina, el número de inmigrantes judíos a Palestina se incrementó notoriamente: en 1922 su número era de 83.790 sobre una población total de 752.048; en 1929 había 156.481, en una población total de 992.559, duplicando su población en siete años. La inmigración judía se canalizaba a través de la Organización Sionista Mundial, cuya figura principal era Jaim Weizmann -dirigente sionista británico y primer presidente de Israel-, y vinculada con la Agencia Judía para Palestina, que ejercía como una administración financiera para los judíos en Palestina, dedicándose a financiar la inmigración y la compra de tierras. La tierra comprada por la Agencia Judía era arrendada bajo la condición de que sólo pudiera ser trabajada por judíos y de que ningún no judío pudiera arrendarla. No debemos generalizar la compra de tierras a todo el territorio palestino. Las tierras que compraba la Agencia Judía no llegaron siquiera a superar el 3% de la superficie de Palestina.

A partir de los años treinta, La estrategia de la Organización Sionista Mundial la diseñaba su principal figura: David Ben Gurión, nacido en Polonia en 1886. El plan de Ben Gurión era el de construir una sociedad paralela con sus propias instituciones, reglas y organizaciones armadas.

F- La respuesta palestina

La inmigración sionista a Palestina comienza, así como su conquista y colonización, por medio de métodos (compra de tierras, usurpación y, más tarde, expulsión) que ciertamente denotan la simulación sionista de pensar el  lugar como un desierto, al estilo de la conquista de Norteamérica. Y con la inmigración politizada ya comienzan los conflictos. El botín, el territorio; y por un lado estaban sus actuales pobladores y explotadores, y por el otro, la llegada a él de inmigrantes judíos que lo reivindican como propio, por considerarlo su lugar de origen y su tierra prometida por Dios.

 Los palestinos se dan cuenta del proyecto sionista para Palestina casi dos años después de la Revolución de Octubre en Rusia. Tras llegar al poder, los bolchevique sacan a la luz un informe de la desaparecida policía secreta del zar en el que se informaba de la promesa británica al Movimiento Sionista. Al tener conocimiento de esta promesa que, por otra parte, coincide con el inicio del colonialismo británico en Palestina, los palestinos empiezan a organizarse.

 A finales de 1919, se celebró el primer Congreso Nacional Árabe en Jerusalén y expresó su rechazo a la Declaración Balfour, exigiendo la independencia para Palestina. El Congreso Nacional Árabe estaba compuesto por personalidades de todos los ámbitos políticos, sociales, religiosos e intelectuales de la sociedad palestina y tenía un carácter ideológico nacionalista árabe - de ahí viene lo de árabe en el nombre del Congreso-. En 1932, el Congreso Nacional Árabe fue constituido como el Partido Istiqlal (Partido de la Independencia).

 Palestina estuvo relativamente en calma entre 1922 y 1928 y el movimiento nacionalista palestino se limitó a la reivindicación política. Durante esta década, los sionistas iniciaron la fundación de sus organizaciones armadas como  Haganá, Palmaj, Irgún y Lehi que fueron el núcleo central del actual ejército de Israel. Hay que reconocer que estás organizaciones fueron mejor organizadas y equipadas que las palestinas que se fundarían años después, también han sido curtidas en la I Guerra Mundial en su lucha al lado de los alemanes e ingleses.

En relación con el grupo Haganá, a pesar de que no fue reconocido oficialmente por la administración británica, las tropas del Mandato británico lo favorecieron mediante la formación de la llamada Policía de los Asentamientos Judíos, las Fuerzas Auxiliares Judías y las Escuadras Nocturnas Especiales.

Los grupos de resistencia palestina no llegaron a constituirse hasta los años treinta. Y con la desventaja de que los británicos prohibían cualquier expresión armada palestina al tiempo que toleraban y colaboraban en el armamento y el entrenamiento militar en los kibutz (granjas) sionistas. En 1936 la Haganá contaba con 10.000 hombres movilizados y más 40.000 reservistas. Los ataques de los grupos de colonos armados en las aldeas y pueblos palestinos motivaron el nacimiento de las primeras células armadas palestinas. El enfrentamiento entre ambos bandos fue creciendo día tras día. La represión británica y la supremacía militar sionista condujeron a que los palestinos declararan la famosa Gran Huelga General que duró tres año, 1936-1939.


La Gran Huelga General empezó como un acto de desobediencia civil por parte de los palestinos hacia la administración colonial británica y las colonias sionistas.  En abril de 1936, los dirigentes palestinos, liderados por Hajj Amin al-Husayni, declararon la huelga para protestar contra la política colonial británica y las facilidades que ponía para la inmigración judía a Palestina, exigiendo elecciones inmediatas que, basadas en su mayoría demográfica y su derecho histórico, habrían resultado en un gobierno palestino democrático.

Al cabo de un mes del inicio de la huelga general, los palestinos declararon su negativa a pagar impuestos a las autoridades británicas como oposición explícita a la inmigración sionista. En el campo de la revuelta armada, ésta empezó siendo esporádica y volviéndose más organizada con el tiempo. Un blanco particular de huelguistas fue el oleoducto TAP que iba de Kirkuk (Iraq) a Haifa (Palestina) construido sólo unos años antes, y que fue destruido en varios puntos de su trayecto. Se produjeron también ofensivas a vías férreas y colonias sionistas, tanto individualmente como en grupos.

La huelga fue desconvocada provisionalmente en octubre de 1936 y la resistencia colectiva se detuvo alrededor de diez meses mientras la Comisión Peel (designada por Gran Bretaña y la Sociedad de Naciones) deliberaba y recomendaba la partición de Palestina en dos Estados. Con el rechazo de esta propuesta la revuelta se reanudó de forma masiva durante el otoño de 1937, marcado por el asesinato en Nazareth del comisionado Andrews a manos de un grupo sionista. La rebelión se prolongó durante 1938 y 1939.

A pesar de la represión ejercida por 20.000 soldados británicos, ayudados por 14.500 miembros de la banda Haganá y Pelmaj, la Gran Huelga General resistió  durante tres años. Cuando los británicos y los sionistas consiguieron controlar la situación, en marzo de 1939, entre 10.000 y 25.000 palestinos (no existe cifra exacta), 400 judíos y 200 británicos habían perdido la vida.

Estando a las puertas de la II Guerra Mundial y para calmar los ánimos de mayoría palestina tras la huelga general, el Mandato Británico empezó a limitar la inmigración judía a Palestina en 1939 mediante la publicación del Libro Blanco que nunca fue del todo aplicado. En respuesta, la banda Haganá comenzó a organizar inmigraciones clandestinas y manifestaciones en contra de Gran Bretaña. Creó la Agencia para la Inmigración Paralela que se dedicada a eludir las leyes inmigratorias británicas a través de bases en Suiza y Turquía, y empezó una serie de ataques esporádicos contra las aldeas palestinas y los intereses de la Administración colonial británica.

Otras bandas sionistas siguieron el ejemplo de la Haganá y empezaron a lanzar sus ataques contra los pueblos palestinos y la Administración británica. El ataque más famosos contra los británicos fue el atentado del Hotel Rey David, sede del Autoridad Militar del Mandato Británico en Palestina y de la División de Investigación Criminal de los británicos, ocurrió el 22 de julio de 1946 en Jerusalén y fue coordinado y perpetrado, con explosivos colocados dentro del hotel, por tres bandas judías: la Haganá, la Irgún y la Lehi.  Como consecuencia de este atentado murieron 92 personas y 45 resultaron heridas, según las estadísticas sionistas.

II Guerra Mundial y el fin del Mandato

A- La II Guerra Mundial y el Holocausto

El asesinato de "seis millones" de judíos europeos por parte de los nazis  -Holocausto- tuvo una gran repercusión en la situación de Palestina. Durante la guerra, los británicos prohibieron la entrada de los judíos en Palestina, dejándolos en campos de detención o deportándolos a lugares como Mauricio. Abraham Stern, líder de la banda sionista Lehi, junto con otros sionistas, intentaron sin éxito convencer a los nazis de que la inmigración a Palestina podría ser una "solución" para el "problema judío". El criminal de guerra nazi Adolf Eichmann (secuestrado por el Mossad desde Argentina y ejecutado por Israel en los años sesenta) visitó Palestina en 1937 y concluyó, que permitir la inmigración judía a Palestina no entraba dentro de la política nazi.



El 6 de noviembre de 1944, Eliyahu Hakim y Eliyahu Bet Zuri, miembros de la banda terrorista Lehi, asesinaron a Lord Moyne en El Cairo. Moyne era el ministro británico para Oriente Medio y los sionistas le consideraban responsable de impedir la inmigración judía a Palestina.

El rechazo británico a permitir la inmigración judía a Palestina, durante la II Guerra Mundial, tenía como objetivo calmar las protestas palestinas y árabes y evitar un nuevo frente bélico en Oriente Próximo. Era, pues, un rechazo táctico.

Al finalizar la II Guerra Mundial, 250.000 judíos fueron abandonados a su suerte en los campos de refugiados europeos. La presión de la opinión pública internacional, y en particular las repetidas peticiones del presidente norteamericano Harry S. Truman y las recomendaciones del Comité Anglo-Americano de Peticiones, hicieron que los británicos admitieran sólo la entrada de 100.000 inmigrantes judíos a Palestina, cosa que no satisfacía a las reclamaciones sionistas. Como reacción, las bandas judías que operaban en la sombra se unieron y llevaron a cabo varios atentados contra los británicos. En 1946, el Irgún atentó contra el Hotel Rey David de Jerusalén, el Cuartel General de la Administración británica en Palestina, matando a 92 personas. Hoy día, los libros escolares en Israel consideran estos actos como parte de su “guerra de independencia” y lo argumentan enseñando que fueron ellos y no los palestinos los que echaron a los británicos de Palestina.

Poco después de finalizada la guerra y viendo que la situación se les escapaba de las manos, los británicos anunciaron su deseo de finalizar su Mandato colonial en Palestina. Este hecho fue interpretado por los líderes y las bandas armadas sionistas como un signo de debilidad, por ello redujeron sus ataques contra los británicos y los intensificaron contra la población palestina en el norte del país, con el fin de expulsar a los habitantes de las ciudades más importantes y los pueblos más estratégicos en la geografía Palestina.

B- Plan de partición de Palestina


Tras el fin de la II Guerra Mundial y la consternación que produjo en la comunidad internacional el Holocausto nazi, las potencias vencedoras deciden acelerar la fundación del Estado judío en Palestina. Los historiadores consideran que esta actitud de las potencias occidentales lleva dentro de sí un sentimiento de culpa hacia lo ocurrido con los judíos, y por lo tanto la decisión que se tomaría posteriormente será una compensación a los judíos europeos por el Holocausto que padecieron. En este punto, hemos de tener en cuenta la voluntad expresada por Gran Bretaña de poner fin a su Mandato en Palestina, lo que haría que las potencias pensaran en reconfigurar el territorio palestino como lo hicieron en varias regiones del Este de Europa.

El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en Nueva York, aprobó una resolución (Resolución 181) que recomendaba un plan de partición de Palestina. El plan de la ONU proponía dividir Palestina en dos Estados, uno judío y otro palestino árabe, con un área, que incluía Jerusalén y Belén, bajo control internacional. El rechazo de los palestinos y el Mundo Árabe a este plan que divide Palestina y entrega parte de ella a colonos judíos europeos sin consultar a los palestinos, tuvo como consecuencia la guerra árabe-israelí de 1948.


En 1947, los colonos judíos formaban sólo un tercio de la población de Palestina y poseían sólo un 6% de la tierra, pero el plan de partición, del 29 de noviembre de 1947, otorgaba al Estado judío un 55% de la superficie total de Palestina. El Estado palestino tendría, en su mayoría, una población árabe palestina, mientras que el Estado judío tendría casi tantos árabes como judíos. Los palestinos rechazaron la partición. Los sionistas la aceptaron, aunque tenían objetivos más expansionistas. En 1938, durante anteriores proposiciones de partición, Ben Gurion declaró, "cuando nos convirtamos en un poder fuerte después del establecimiento del Estado, aboliremos la partición y nos extenderemos por toda Palestina”. El territorio y la homogeneidad étnica fueron los dos principios fundamentales que guiaron a los sionistas en su proyecto de creación del Estado de Israel y en la partición de Palestina. El Movimiento Sionista buscó el control de todo el espacio de la Palestina histórica y la construcción de un Estado para los judíos que exigía la limpieza de otras etnias de dicho espacio.

A partir del momento en que fue tomada la resolución 181, el Movimiento Sionistas y sus bandas armadas se apresuran a crear hechos consumados para conseguir el control sobre el territorio. La estrategia fue el uso del terror para expulsar al máximo número posible de palestinos del territorio que las potencias designaron para los colonos judíos. La táctica de atacar pueblos pequeños, asesinar a sus habitantes y quemar sus casas, sirvió y funcionó para extender el pánico entre la población palestina y forzarla a abandonar sus tierras.

C- Las mascares
La mayor parte de los historiadores israelíes considera que las atrocidades contra la población palestina fueron cometidas por las bandas Haganá, Palmach, Lehi e Irgún. Al Investigar la masacre de Deir Yassin, Nurdeen Masalha, profesor en la Hebrew University de Jerusalén, escribe: “El jefe de inteligencia de la Hagana en Jerusalén, Yitzaq Levi, afirma que la matanza se produjo con el consentimiento del Alto Comando de la Hagana de Jerusalén, David Shaltiel. Es más, los documentos oficiales israelíes desclasificados – entre 1980 y1988- muestran que Deir Yassin fue una sola entre otras matanzas en otros pueblos que habían obtenido acuerdos de no agresión con la Hagana”[1], y añade: “Los archivos desclasificados muestran también que la política de evacuación de la población palestina por parte de la Hagana en la costa entre Haifa y Tel-Aviv se produjo a partir de 1947 (...) Pero existen documentos que muestran que las agresiones de la Hagana se desarrollaron tan pronto como en 1946, en el llamado Plan Dalet”. Por su parte, el historiador israelí Kapeliouk, explica: “Los pactos entre judíos y árabes no impidieron que los árabes sufrieran la expulsión y las masacres por parte judía (...) Sin embargo, la mayor parte de documentos sobre estos hechos se mantienen bajo llave, con el pretexto de que su publicación podrían dañar los intereses nacionales (...) Benny Morris solicitó al Tribunal Supremo su apertura para el estudio de las masacres de 1948 pero su petición fue rechazada en 1986” [2].

El párrafo anterior nos sirve para hablar de una de las muchas mascares que se cometieron contra la población palestina, con el fin de desalojarla de su tierra mediante el terror. Se trata de la masacre de Deir Yassin, la más documentada y comentada por los nuevos historiadores israelíes, considerados revisionistas por el establishment del Estado israelí.

Deir Yassin era una aldea localizada a 3 Km. al oeste de Jerusalén, contaba con una población aproximada de 750 personas (1948), los cuales eran campesinos. Esta aldea propiedad de su población tenía un área de 2.857.000 mts cuadrados. Deir Yassin se caracterizaba por casas construidas con piedras, callejuelas estrechas y tortuosas, que tenía algunas tiendas a los laterales, contaba con una Mezquita y un pozo de agua, todas estas construcciones estaban en un área de aproximadamente 1,2 km cuadrados.

En la noche del 9 al 10 de Abril de 1948, miembros de las bandas sionistas (Irgún dirigida por Menahim Begin – más tarde sería primer ministro de Israel-, un segundo grupo de Shteren y un tercer grupo de la Hagana y Palmach), atacaron Deir Yassin.



A las 2 de la madrugada del día 10 de Abril fue dada la orden de ataque, haciéndolo la banda Irgún, miembros de Hagana y Palmach, entraron por la zona Este en dirección al sur, seguidos por el grupo Shteren-Lehi con carros blindados y altavoces. Al acercarse a la aldea llamaban a la población para que salieran de sus casas, indicándoles dirigirse hacia el oeste, rumbo al pueblo de “Ein Karem” prometiéndoles cuidar de su integridad y salvarles la vida. Algunos de los habitantes de Deir Yassin creyeron las llamadas emitidas a través de altavoces y empezaron a salir rumbo a la dirección indicada, ignoraban que iban a ser asesinados. Los que salieron de sus casas fueron ejecutados en el Oeste del pueblo, mientras los que se resistían a salir fueron asesinados dentro de sus casas. Se estima que en aquella mascare fueron asesinados entre 200 y 300 palestinos, sin distinguir entre mujeres y hombres, ni entre niños y ancianos. En septiembre de 1948, los inmigrantes judíos ortodoxos de Polonia, Rumania y Eslovaquia se establecieron en el pueblo de Deir Yassin. Cuando Jerusalén fue ampliado, el pueblo de Deir Yassin pasó a formar parte de la ciudad y es ahora simplemente conocido como la zona comprendida entre Givat Shaul y Har Nof en las laderas occidentales de la montaña.

La masacre de Deir Yassin fue uno de los sucesos más significativos de la historia entre palestinos e israelíes durante el siglo XX. No debido al numero de muertos o por su brutalidad, sino porque fue la causante principal (con otras masacres en los días posteriores) del abandono y evacuación de 400 pueblos y ciudades árabes palestinas y la expulsión de más de 700,000 palestinos para hacer sitio a los supervivientes del Holocausto y a otros judíos del resto del mundo. Esta masacre fue importante también porque ha sido la primera entre una decena de masacres que fueron cometidas dos meses antes del establecimiento oficial del Estado israelí- mayo 1948-.

 Decenas de masacres como esta fueron cometidas entre 1947 y 1949. Las más destacadas en esta época fueron las siguientes: Abu Kebir, (Jaffa), 6 de diciembre 1947; Tireh (Haifa), 13 de diciembre 1947 ; Khisas (Safad), 19 de diciembre 1947; Qazaza (Ramleh), 20 de diciembre 1947; Abu Shusha, 3 de enero 1948; Shafa Amr (Haifa) y Tamra (Nazareth), 19 de enero de 1947; Sukreir (Gaza), 26 de enero 1947; Sa’Sa (Safed), 14 de febrero de 1947; Biyar y Ads (Jaffa), 5 de marzo de 1947. Otras muchas masacres no habían salido a luz hasta que los nuevos historiadores israelíes (revisionistas) tuvieron acceso a una parte de los archivos del Estado de Israel, durante los años ochenta del siglo pasado. El resultado principal de estas masacres fue el nacimiento del problema de los refugiados palestinos, un tema que ampliaremos más adelante.



D- La fundación del Estado de Israel y Al-Nakba

El 15 de mayo de 1948, se expiró el Mandato británico en Palestina, pero un día antes de la salida del alto comisario británico en Palestina, el 14 de mayo,  David Ben Gurión – nacido en Polonia en 1886-  leyó la declaración del nacimiento del Estado de Israel, y abrió la puerta a la llegada masiva de colonos judíos de Europa a Palestina. El 5 de julio de 1950, Israel sancionó una ley que otorgaba a los judíos residentes en cualquier parte del mundo el derecho de emigrar a Palestina, si bien la inmigración masiva había ya comenzado anteriormente. De hecho más de 250.000 judíos sobrevivientes del Holocausto emigraron a Israel tras la II Guerra Mundial. Cabe añadir que la declaración del nacimiento del Estado de Israel es conocida en el país como “Declaración de Independencia” de la colonización británica. Tras la lectura que hizo Ben Gurión, el Estado de Israel fue reconocido inmediatamente por Estados Unidos y la Unión Soviética.

Lo que los sionistas llaman su día independencia de Gran Bretaña, para los palestinos es el día de Al-Nakba, es decir el Desastre. Así, La proclamación del Estado de Israel en 1948 ha quedado asociada en la memoria colectiva de los pueblos árabes -particularmente del palestino- a Al Nakba, el Desastre, simbolizado por la pérdida de Palestina.

Antes, durante y después del establecimiento de Israel, el pueblo palestino ha sido víctima de un plan premeditado de violencia y terror por parte de las fuerzas sionistas que determinó que más de 400 localidades palestinas fuesen desalojadas con el objetivo de hacer realidad el primer gran mito fundacional del Estado de Israel: que Palestina era una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra.

Como acabamos de mencionar, en mayo de 1948, la comunidad de colonos judíos en Palestina declaró unilateralmente la creación del Estado de Israel, acto que desencadenó la intervención militar de los países árabes vecinos – que a penas acababan de conseguir su independencia- en apoyo a los palestinos. A raíz de esta primera guerra árabe-israelí, el Estado judío no sólo resistió a la intervención árabe en defensa de los palestinos, sino que provocó la salida de gran parte de la población palestina que quedaba en el territorio designado por la ONU y amplió la superficie de su territorio más allá de lo previsto en el Plan de Partición. Israel aprovechó además la desarticulación de la sociedad palestina provocada por el éxodo y la guerra.

En ese momento, casi el 77% de la superficie de Palestina queda en manos de Israel, mientras los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza (22-23% de la superficie de Palestina) quedarían administradas por Jordania y Egipto respectivamente; se frustraba la creación de un Estado árabe en Palestina, y la ciudad de Jerusalén quedaba dividida.


El nuevo Estado judío se alineó pronto con las potencias europeas frente al nacionalismo árabe (guerra del Canal de Suez en 1956); ganándose su apoyo político y económico. Además, a raíz del genocidio nazi, afirmó su razón de ser al declarar Israel como único refugio seguro para todos los judíos del mundo. Durante las primeras décadas Israel se consolidó como Estado y promovió la instalación masiva de judíos en Palestina. En cambio, a raíz de la guerra, los palestinos vieron frustrado su derecho a disponer de un Estado propio. Dispersos entre varios países y divididos, internamente su actuación casi se limitó a algunos hostigamientos poco eficaces contra Israel.

Bibliografía

1-     Christian Action for Israel, Pro-Zionist Christians in the 19th Century http://www.cdn-friends-icej.ca/judeochr/rolegent/prozion.html

2-     Historia de la Palestina moderna: un territorio, dos pueblos. Pappe, Ilan. Ediciones Akal, S.A. 2007

3-     Historia de Palestina, Kramer G. 2007. Editorial Siglo XXI.

4-     Palestina, crónicas de una injusticia, Jaber Ibrahim Ghalib, 2002, Irindo Ediciones, S.A.

5-     La amenaza interior: historia de la oposición judía al sionismo, Rabkin, Yakov M. editorial Argitaletxe Hiru, 2007.

6-       ISRAEL/PALESTINA: CLAVES HISTORICAS DE UN CONFLICTO CENTENARIO. ALCOVERRO, TOMAS ET AL. y PROL. DE MIGUEL ANGEL MORATINOS. 2002, Mundo Revista.

7-     Israel, Palestina: verdades sobre un conflicto. Gresh, Alain. Editorial Anagrama 2002.


8-     Palestina, ocupación y resistecia: breve historia del conflicto, Salah Jama. Editorial Flor del Viento 2002.



2 comentarios :

  1. Bonita historia, si se hace un estudio genético de los palestinos, conocerá que son árabes 100%, ni uno solo es de origen de Canaán, más bien son filisteos y el nombre siria-palestina viene del año 135 DC cuando Adriano quiso borrar el nombre de Judea de la y le cambio el nombre por el primero, ahí no hay misterios

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